Convertida en Vestal, se afana tu pincel de dulces líneas sobre mis vertientes claras y oscuras. Se ahogan las horas de mi lujuria, perdida entre trazo y trazo. Sucumbo a mis anhelos de querer sentir mi carne abierta masticada en tu boca. La blancura de mis muslos se estremece y la agonía de su vértice contiene espasmos que se estrellan entre jadeos que roban el aliento.

